¿El resurgir del fascismo en Italia?

“Los italianos primero”, recita el slogan de la Liga, partido político italiano, que hasta hace muy poco, cuando se llamaba Liga del Norte, vibraba ante el grito de “Roma ladrona” y su principal objetivo era (y sigue siendo) la autonomía de las regiones del norte por considerar que el sur no tenía por qué beneficiarse de los impuestos pagados en el otro extremo del país. Pero los derechistas de la Liga, cuyo líder Matteo Salvini es, además, el ministro del Interior del gobierno, descubrieron el poder del nacionalismo para despertar a las masas de electores e imponerse en las elecciones. Y después del triunfo su apoyo ha venido subiendo y cuenta ya con un 32% -casi el doble de lo obtenido en marzo- lo que lo convierte en el primer partido de Italia.

Un nacionalismo que le guiña el ojo al período fascista (1922-1943) y que proclama la protección de las fronteras, de las tradiciones y del pueblo italiano frente a la “invasión” de inmigrantes, aunque la realidad de las estadísticas no coincide con la visión difundida por los partidos de ultra derecha. Desde 2016 han cruzado el Mediterráneo desde África hacia Italia 247.838 inmigrantes, pero no todos han permanecido en territorio italiano. La tasa de crecimiento de la inmigración en los últimos tres años ha disminuido a un 0,2%. Además, si bien la población extranjera en Italia es el 8,3%, está lejos del 15% de Austria o del casi 12% de Alemania o de Bélgica. Pese a ello, en ciertos grupos se ha despertado una nostalgia por tiempos pasados, donde según el imaginario común de algunos, prevalecía el orden y el respeto por la patria.

“Nosotros somos los herederos del fascismo”, comenta a La Tercera Simone Di Stefano, secretario nacional del movimiento de extrema derecha Casa Pound, un partido fundado en 2008 y que si bien no tiene representación parlamentaria, pasó de obtener 80 mil votos en 2013 a casi 600 mil en los comicios de este año. “Nuestra propuesta no pasa por la implementación de un estado autoritario o de leyes raciales. Lo que recordamos del fascismo es la capacidad de construir una nación en solo 20 años. La mayoría de las obras públicas italianas fueron construidas en la época fascista. Deseamos que Italia vuelva a ser una gran nación”.

El historiador italiano Emilio Gentile comenta que “los movimientos que evocan el fascismo usando sus símbolos han existido siempre. Son las nuevas generaciones que no vivieron en la época fascista quienes se muestran nostálgicas, pero hay que tener cuidado y no alimentar en los jóvenes la idea de que el Fascismo era algo superior”.

Lo cierto es que en Italia existe una ley de los años 50 que prohíbe la apología del fascismo a la que el año pasado se intentó agregar un artículo que castigaba a quienes hicieran propaganda de “imágenes o contenidos propios del partido Fascista o del partido Nacional Socialista alemán”. La propuesta fue rechazada por los partidos de extrema derecha, incluyendo la Liga.

La prohibición de la difusión de esa ideología ha hecho que en Italia los nostálgicos del Duce mantenga sus sentimientos en una esfera más íntima. Abiertamente callan, pero basta entrar en confianza para que den rienda suelta a sus ideas: “Después del Imperio Romano, lo único grande que tenemos es el fascismo”, dice Pasqua, ciudadana italiana.

Si bien en Italia partidos como la Liga y Casa Pound -cuyo nombre recuerda al poeta estadounidense Ezra Pound, conocido admirador de Mussolini- en sus estatutos declaran no ser una corriente neofascista, su electorado añora que un personaje como Benito Mussolini vuelva a aparecer. “La tumba de Mussolini es la más visitada de Italia”, dice el secretario de Casa Pound. “No se trata de nostalgia del fascismo, más bien de una Italia que funcionaba y donde todos sentían que su trabajo era útil a la comunidad. Hoy parece que solo sobrevivimos”, agrega.

El incremento de simpatizantes de la ultra derecha no es nuevo en Europa. En los países de la Unión no ha habido cita electoral en la que no se observe un avance de los movimientos xenófobos y nacionalistas (Suecia fue el último caso). Los elementos comunes entre ellos son el rechazo a la Unión Europea, a la moneda única, a las instituciones bancarias y, por supuesto, el repudio a la inmigración. Matteo Salvini en ocasión de la fiesta nacional de la Liga aseguró que su propósito es “cambiar Europa y liberarla de quienes solo se interesan en las finanzas y en las multinacionales”. En la misma ocasión Mara Pizotto, jefe de la delegación de la Liga en el Parlamento europeo, no dejó de repetir el slogan “nosotros mandamos en nuestra casa”.

El historiador Emilio Gentile es categórico cuando afirma que “la Unión Europea ha fracasado. El espíritu supranacional y la intención de crear un sentimiento común europeo ha sido dejado de lado a favor del mercado común y otros aspectos económicos que han creado desigualdades”.

“Gobernar a los italianos no es difícil, es inútil” habría dicho Mussolini. Quizás tenía razón ya que los habitantes de esta península rara vez logran sentirse parte de un mismo pueblo. Es por eso que la ultra derecha con la exacerbación del concepto de nación ha ido calando hondo. Michele, votante de la Liga, lo tiene claro: “Con Mussolini, Italia era una patria, ahora somos solo un país”.

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